Diario de viaje Fiordos Noruegos 2004
Tal y como OSLO cuento
Oslo
Voy a iniciar hoy el diario de este viaje después de haber pasado nuestro primer día completo en Noruega; ayer la verdad es que fue una jornada especialmente larga y agotadora hasta llegar al hotel y no es que me quedasen muchas ganas de abrir el cuaderno a las mil.
Madrid - Oslo
Durante el vuelo no tuvimos ningún problema, todo fue muy bien y llegamos al aeropuerto pasada la medianoche. El aeropuerto de Oslo es muy curioso, lo es porque a pesar de su nombre... ¡¡¡ no está en Oslo !!! Y así fue, que llegamos al hotel en la capital a las 4 de la madrugada...
La verdad es que esta mañana la emoción de estar aquí ha sido mucho más fuerte y nos hemos levantado con más ganas que sueño por empezar a visitar sitios, además ha amanecido (muy, pero que muy temprano) un día radiante y soleado.
Oslo
Desde el hotel hemos hecho una primera visita panorámica en autobús por la capital, una manera rápida de tener la primera impresión de una ciudad que, francamente, no es especialmente monumental ni llamativa, seguro que se vive estupendamente aquí, pero lo que es para visitar... cada lugar tiene sus virtudes y, la verdad, Noruega no es para hacer turismo urbano :-)
La siguiente parada ha sido ya a las afueras, una zona de chalés y casas unifamiliares preciosas rodeadas de verde, junto al mar (lo que os decía, mejor para vivir que para ver), en la que había varios museos marítimos sobre embarcaciones vikingas y las expediciones de Amundsen.
Lo primero que nos ha llamado la atención de los noruegos, al menos en cuanto a sus casas, es la cantidad de ellos que tienen la bandera del país en el jardín, muy propio de los estadounidenses ¿no?, que no tienen persianas ni cortinas para aprovechar al máximo los días y horas de luz y que, supongo que porque el tiempo se presta más bien poco a ello, son más amigos de las camas elásticas que de las piscinas en el jardín :-)
Ya por la tarde hemos tenido tiempo para movernos por la ciudad a nuestro aire, es una ciudad pequeña; merece la pena pasear por la avenida principal de Karl Johans Gate, que termina (o empieza, claro, según se mire) en el Palacio Real; por la zona del puerto y el ayuntamiento (donde se entrega el premio Nobel de la Paz) y, especialmente curioso, el parque Vigeland: grande, muy grande, lleno de árboles, césped y flores, y con esculturas realmente curiosas.
Y aquí y así termina nuestro primer día por tierras nórdicas, precisamente tapaditos con un genuino edredón de aquí, mmmmm... mañana nos espera una larga jornada de autobús para cruzar todo el tercio sur del país hasta Trondheim, y allí nos veremos... buenas noches.
PD: Ya después del primer día, y a pesar de que la cena ha sido en un sitio, digamos, "de nivel", nos hemos dado cuenta de que vamos a echar de menos la comida de España :-)
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